¿A qué suena la Generación del 27?
Información de la ruta
- Categoría
- Duración165 min
- OrigenPl. de Sta. Ana, Centro, 28012 Madrid, España
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Puntos de la ruta
Puntos de la ruta

Plaza de Santa Ana - Teatro Español
Mientras las mesas de los cafés eran refugio de poetas y músicos, el aire sonaba a flamenco y a copla popular. Estamos en la hermosa Plaza de Santa Ana, escenario de reuniones y tertulias donde se juntaban Alberti, Guillén, Dámaso Alonso, Cernuda...
Una plaza siempre viva, donde también se dejaban ver Rosa Chacel y Ernestina de Champourcín dialogando con los poetas. El rumor de las conversaciones, las guitarras y los organillos componían aquí una música cotidiana, el pulso de un Madrid creativo y luminoso.
En esta plaza, a pocos pasos, puedes visitar el Teatro Español, activo desde el siglo XVI y uno de los más antiguos de Europa. En su fachada verás placas dedicadas a Larra y Zorrilla.
En 1930, aquí se estrenó La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca. Frente a su fachada encontramos su preciosa estatua con una alondra en las manos recuerda su vínculo con Madrid y con el teatro.
Tres años después, en 1933, Lorca volvió a triunfar con Bodas de sangre, interpretada por la compañía de Margarita Xirgu. Fue un éxito rotundo: el público aplaudió durante más de diez minutos. Aquella noche, Lorca se consagró definitivamente como figura central del teatro español.
En estos mismos años, Lorca acompañó al piano a La Argentina en la grabación de sus Canciones populares antiguas. Entre ellas, Los cuatro muleros o Anda jaleo, que pronto se escucharon en cafés, radios y salones de toda España. Gracias a ella, valoraron y rescataron estas canciones tradicionales, hoy seguimos escuchando un legado vivo del folclore español.
Aquellas canciones, nacidas de la tradición popular andaluza, simbolizan el espíritu del 27: la unión entre lo popular y lo culto, entre la palabra poética y la música viva del pueblo. Muchos de los poetas —desde Alberti hasta Concha Méndez— se inspiraron en esa fusión sonora que daba ritmo a la ciudad.
La Plaza de Santa Ana, con sus cafés, teatros y tertulias, fue el escenario perfecto para esa sinfonía urbana: una mezcla de flamenco, conversación y poesía que aún parece flotar entre sus terrazas.
«Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
yo quiero que el viento se quede sin valles.»
— Federico García Lorca. Bodas de sangre

Ateneo de Madrid
El Ateneo, epicentro intelectual desde el siglo XIX fue el gran foro cultural de la ciudad. En sus tertulias se formaron generaciones de escritores. Sus salones vieron pasar conferencias que encendían debates y lecturas que mezclaban poesía y música. Era un espacio de pensamiento, modernidad y experimentación. Lorca leyó aquí Juego y teoría del duende y Rosa Chacel su conferencia La mujer y sus posibilidades, en 1921. Por sus salas pasaron Salinas y Guillén, y los ecos de Debussy o Ravel resonaban por los pasillos.
El Ateneo fue lugar de debate cultural y conserva su biblioteca con más de 200.000 volúmenes. Se dice que aquí Ortega y Gasset ensayó los primeros textos de La deshumanización del arte y Vicente Aleixandre leyó allí fragmentos inéditos de La destrucción o el amor antes de publicarlo en 1935.
La sala de conferencias mantiene la misma tarima de madera sobre la que habló Lorca en 1933. Manuel de Falla también intervino en conferencias sobre música española dando charlas en defensa del cante jondo. Incluso Cernuda que asistió como oyente a conferencias; evocaría más tarde cómo aquí la música se entendía como puente entre emoción y poesía. En 1922, Lorca y Falla organizaron el Concurso de Cante Jondo en Granada, reivindicando el flamenco más puro.
En los actos del tricentenario de Góngora (1927), organizados por el Ateneo y el Centro de Estudios Históricos, se consolidó el espíritu de grupo del 27.
«La voz a ti debida,
eternamente viva.»
— Pedro Salinas. La voz a ti debida

Teatro de la Zarzuela
Ubicado junto a la Gran Vía, el precioso Teatro de la Zarzuela es el único teatro del mundo dedicado exclusivamente al género lírico español. La zarzuela era la música popular culta de Madrid. Gerardo Diego la defendió con entusiasmo y escribía sobre ella en prensa. Podemos recordar también a Josefina de la Torre, poeta y soprano de la Generación del 27, que cantó zarzuela y ópera en Madrid y grabó en 1943 la zarzuela Don Manolito de Pablo Sorozábal.”
Fue un templo del Madrid más castizo, pero también un puente hacia lo moderno. Aquí se mezclaba la tradición de la zarzuela con los nuevos ritmos que llegaban de fuera: fox-trots, charlestón y ecos cosmopolitas. En el siglo XX fue punto de encuentro de escritores, políticos y músicos. Durante la Guerra Civil, algunos artistas del 27 actuaron en sus tablas en funciones solidarias.
Alberti presentó aquí fragmentos de El hombre deshabitado con música del compositor Ernesto Halffter, miembro del círculo del 27. También se pueden ver exposiciones y ensayos abiertos al público. En su tienda hay carteles originales de zarzuelas de los años 30 que muestran el ambiente musical del Madrid de la época.
"El alma mía,
por los balcones canta.
Canta y suspira"
Rafael Alberti. El alma mía, Marinero en tierra.

Residencia de Estudiantes (Colina de los Chopos)
A este edificio se le apodó la colina de los Chopos, fue el laboratorio de la vanguardia. Fue la Residencia de estudiantes donde convivieron Lorca, Dalí y Buñuel entre 1919 y 1926, junto a Salinas, Guillén, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez, Dámaso Alonso… Este lugar representaba la unión entre naturaleza, arte, ciencia y juventud — el espíritu mismo de la Generación del 27. Fue un auténtico hervidero de ideas. Incluso, en 1923, Albert Einstein dio una conferencia sobre la Teoría de la Relatividad ante los residentes. ¡Imagina a Lorca o a Buñuel escuchando a Einstein aquí! También la visitaron Marie Curie, Le Corbusier o Stravinsky. La Residencia resume el espíritu del 27: unir tradición popular y modernidad.
En 1928 aquí se representó El retablo de maese Pedro de Falla con decorados creados por Hermenegildo Lanz y apoyado por Ortega. Fue un acontecimiento muy importante en aquel auditorio donde cabían unas 300 personas. Cuando terminó la función, el joven Lorca —entusiasmado— fue a felicitar a Falla y a Lanz. Según cuentan testigos, Lorca le dijo: “¡Don Manuel, hoy los muñecos han tenido alma!” Falla, sonriente, respondió: “Y la música, Federico, la ha tenido gracias a vuestra juventud.”
Imagina las veladas nocturnas, recitales de poesía, conciertos de piano o estrenos teatrales. Un espacio de libertad y creación colectiva. Cernuda recordaba el ambiente como un “taller de libertad” donde la música era tan importante como los versos.
Hoy este lugar funciona como centro de investigación y museo con exposiciones temporales sobre el 27 y sus contemporáneos. En este jardín y en este banco, cuentan que Lorca recitaba poemas al atardecer acompañado de guitarra.
“La luna es un pozo chico, las flores no valen nada.
Lo que valen son, tus brazos, cuando de noche me abrazan.”
Federico García Lorca. Fragmento de Zorongo

Parque del Retiro
El corazón verde de la ciudad era también un escenario sonoro. En los años 20 y 30, la Banda Municipal tocaba por aquí zarzuelas y pasodobles. Sonaban también organillos en el parque y en los kioskos. Poetas como Salinas o Concha Méndez encontraban aquí un ritmo cotidiano que se colaba en sus versos. Salinas decía que sus mejores versos le venían “caminando” al ritmo de las músicas del Retiro. Concha Méndez evocó en sus memorias los paseos por el Retiro, llenos de canciones populares. Sus versos respiran ese pulso urbano y musical que formaba parte de su día a día. Cernuda en su exilio, recordaba el sonido de los organillos del Retiro como un eco nostálgico de su juventud en Madrid.
El parque alberga un Templete de música, de hierro fundido, data de 1880 y fue restaurado para seguir acogiendo los conciertos dominicales de la Banda Sinfónica Municipal. El parque fue escenario de paseos poéticos: se sabe que Salinas y Guillén debatían sobre métrica mientras caminaban alrededor del Estanque.
Te recomiendo que visites el Palacio de Cristal, que en los años treinta, se llenó de música y modernidad. En sus exposiciones sonaban piezas de Manuel de Falla y canciones populares recopiladas por Lorca, eco del ideal del 27: unir arte, música y pueblo. Algunos cronistas de la época describieron cómo “la luz del cristal parecía vibrar al compás de la música”.
Rafael Alberti evocó la unión que representaba el Retiro entre música y naturaleza cuando escribió:
“Cantan los árboles,
canta el viento en el agua.
Todo lo que respira, canta.”

Casa de las Flores
Un edificio moderno que simbolizaba el nuevo Madrid. En sus pisos se reunían los poetas: un espacio abierto a tangos, flamenco y jazz, donde la poesía era música y la música, poesía. Neruda vivió aquí, y su casa fue punto de encuentro de Lorca, Alberti, Altolaguirre, Miguel Hernández o Concha Méndez. De hecho, ella contaba que allí escuchó por primera vez tangos argentinos en Madrid. María Teresa León organizaba veladas con Alberti en las que la música popular se mezclaba con lecturas teatrales y poéticas.
Tras la Guerra Civil, la casa fue bombardeada. En una versión original de España en el corazón de 1938 Neruda escribió:
Mi casa estaba en Madrid, entre flores.
Allá quedó, destruida.
Quedaron las flores, los balcones rotos,
y el alma de la casa, que era la música,
bajo los escombros.”
Obra del arquitecto Secundino Zuazo, la Casa de las Flores fue ejemplo del nuevo urbanismo racionalista y después de los bombardeos, el edificio fue restaurado fielmente. En su patio interior se conservan los balcones originales donde crecían las flores que le dieron nombre.
En la fachada hay un panel conmemorativo que dice “Mi casa era llamada / La Casa de las Flores”. Y en el panel derecho: “Madrid recuerda a / Pablo Neruda / Marzo 1981”.

Plaza de Cibeles
Símbolo del Madrid moderno y corazón del Paisaje de la Luz —el eje Prado–Recoletos–Castellana, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO—, la Plaza de Cibeles fue, en los años veinte y treinta, un punto de referencia para los artistas e intelectuales.
El Palacio de Cibeles, hoy sede del Ayuntamiento, representaba el espíritu de progreso y modernidad que inspiró a toda una generación. A su alrededor se concentraban espacios fundamentales para el 27: el Ateneo de Madrid, el Círculo de Bellas Artes y el Parque del Retiro.
Era una zona viva, atravesada por tranvías, cafés, redacciones y teatros: el pulso urbano de una ciudad que vibraba al compás de la cultura. Para los autores de la Generación del 27, Madrid sonaba como una orquesta: zarzuelas en los teatros, organillos en las calles, jazz en los cafés y flamenco en las tertulias. La música de Manuel de Falla simbolizaba esa fusión perfecta entre lo popular y lo moderno: una España que miraba al futuro sin perder su raíz.
Decía Gerardo Diego:
“Madrid es un milagro de agua domesticada,
espejo de las torres donde la tarde nada.”
La ciudad entera podía imaginarse como un pentagrama donde convivían tradición y vanguardia, arte y cotidianidad, palabra y sonido.
Entre las figuras del grupo destacaron también las Sinsombrero —Concha Méndez, Ernestina de Champourcin, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Maruja Mallo y María Teresa León—, creadoras que dieron al 27 su ritmo propio y su mirada renovadora.
La Plaza de Cibeles sigue siendo hoy un espacio simbólico: punto de encuentro entre el arte, la memoria y la vida cotidiana. Su rumor de fuentes y su dinamismo urbano conservan algo del espíritu del 27: esa armonía entre belleza, modernidad y deseo de libertad que aún define el sonido de Madrid.

