Gran Café Gijón

Los cafés ofrecían el ambiente idóneo para el encuentro social: sus amplios salones contaban con mesas de mármol y abundantes sillas en las que poder pasar horas consumiendo café, chocolate o bebidas alcohólicas. De ahí que se convirtieran en lugar favorito de reunión para los distintos movimientos literarios y artísticos que se fueron desarrollando durante los siglos XIX y XX. Estos comercios se establecieron como foro de debates, a veces encendidos, donde estudiantes, profesionales liberales, intelectuales y artistas discutían sobre política, historia o literatura.

El Gijón es, sin duda, uno de los más importantes y uno de los pocos que ha sobrevivido al paso del tiempo. Ya escojamos su magnífica terraza, en pleno paseo de Recoletos, o su espacioso salón interior, el Gran Café de Gijón, fundado en 1888 y recientemente rebautizado, representa la esencia misma de la tertulia y del mundillo ilustrado de la capital. En sus paredes, dibujos, fotos y textos manuscritos recuerdan su pasado glorioso poblado por gentes de la cultura. Los característicos veladores de mármol, propios de los cafés parisinos y vieneses a los que Madrid empezó a imitar, acogieron a personalidades como Benito Pérez Galdós o Rubén Darío.

Asimismo, El Gijón fue uno de los lugares de reunión predilectos para las y los artistas de la Generación del 27. Su gran salón era a menudo ocupado por Luis Cernuda, cuyo carácter reservado convivía con la vitalidad de Salvador Dalí, Luis Buñuel o Federico García Lorca. El poeta granadino, recién llegado a Madrid, escribía a su familia: “Por las noches vamos al café Gijón, un antiguo y simpático café situado en la Castellana”. Gerardo Diego, además de coincidir con los ya mencionados, fue el fundador y la máxima referencia de la llamada Tertulia de los Poetas, que fundó después de la guerra, manteniendo vivo el espíritu del 27. El Gijón fue definido, ya hace tiempo, como “el último café literario de Madrid”. Hoy en día sigue ostentando ese título con orgullo.