Café Pombo

Del antiguo Café y Botillería de Pombo solo quedan unas letras de bronce encastradas en el suelo, pero bien merece la pena acercarse hasta este emplazamiento de la calle Carretas, al lado de la Puerta del Sol, para imaginar a Ramón Gómez de la Serna transitando por sus alrededores y formulando alguna de sus célebres greguerías, frases llenas de ingenio conformadas por juegos de palabras y de imágenes. En su origen, funcionaba también como botillería -un comercio en el que servía vinos, licores y refrescos- y fue frecuentado por Goya. El gran pintor no podría sospechar la importancia cultural que el local llegó a ostentar a comienzos del siglo XX.


En 1915, Gómez de la Serna inició sus tertulias de los sábados por la noche, bautizadas por él mismo como “La sagrada cripta del Pombo”. Los reputados encuentros estuvieron vigentes durante más de veinte años, hasta su exilio. Pocos años después, en 1950, el café cerró definitivamente. Eso sí, en su manifiesto fundacional ¡se prohibía hablar de política, toros o fútbol!


A Serna le acompañaban habitualmente los hermanos Bergamín, el también escritor Salvador Bartolozzi o el pintor José Gutiérrez-Solana, que inmortalizó en 1920 una de aquellas reuniones en el famoso cuadro que puede admirarse en el Museo Reina Sofía. Entre todos los asistentes, hicieron del Pombo un lugar emblemático para el desarrollo de las vanguardias españolas, tanto artísticas como literarias. La mesa presidencial en la que celebraban la tertulia se conserva en el jardín del Museo del Romanticismo, donde se ubica su encantador salón de té, que no hay que dejar pasar la oportunidad de visitar.


Ramón fue una referencia fundamental para las jóvenes promesas de la Generación del 27. De ahí que figuras como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Salvador Dalí o Luis Buñuel se dejaran caer por el mítico establecimiento para iniciar su andadura intelectual por Madrid.
Solo falta recordar la especialidad de la casa: ¡sus famosos sorbetes de arroz! Sus propiedades astringentes llevaron a que el Pombo se conociera con el poco correcto nombre de “El café de los Cagones”.