Iglesia de San Jerónimo el Real
La iglesia de San Jerónimo el Real es uno de los templos más emblemáticos de Madrid por su relevancia histórica y artística. Antiguamente formó parte del monasterio jerónimo conocido como «Los Jerónimos», uno de los más importantes de la ciudad, estrechamente vinculado a la Corte y la monarquía española.
Junto al monasterio se encontraba el Cuarto Real, ampliado en tiempos de Felipe IV como parte del Palacio del Buen Retiro. Del antiguo conjunto monástico se conservan hoy la iglesia —convertida en parroquia— y un claustro renacentista.
Desde finales del siglo XV, cuando los Reyes Católicos ordenaron su construcción en estilo gótico tardío con influencias renacentistas, San Jerónimo el Real fue lugar habitual de estancia de la familia real. En 1510, Fernando II de Aragón reunió Cortes en el templo, y en 1528, bajo el reinado de Carlos I de España, se juró como heredero a Felipe de Habsburgo, tradición que se mantuvo hasta el siglo XIX.
El templo fue escenario de funerales, proclamaciones y bodas reales. Aquí se celebró la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg en 1906, y la última proclamación regia tuvo lugar con Juan Carlos I en 1975.
Durante el reinado de Felipe II se amplió el Cuarto Real, permitiendo al monarca asistir a misa desde sus aposentos, al modo del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El conjunto vivió su máximo esplendor con Felipe IV, cuando se convirtió en centro de la vida cortesana.
La invasión napoleónica de 1808 dañó gravemente el monasterio y el Palacio del Buen Retiro. Posteriormente, Fernando VII de España lo convirtió en cuartel de artillería. Más tarde, por orden de Francisco de Asís, se restauró la iglesia, incorporando las torres que flanquean el ábside.
En 1878 el templo fue cedido al arzobispado de Toledo, que emprendió nuevas reformas. A comienzos del siglo XXI, y como parte del acuerdo para integrar el claustro en la ampliación del Museo del Prado diseñada por Rafael Moneo, la iglesia fue restaurada integralmente.
En su interior destacan obras como La última comunión de san Jerónimo, de Rafael Tejeo, así como pinturas de Juan Andrés Ricci, Francisco Rizi, José Moreno y Antonio de Pereda, cedidas por el Prado. Durante las rehabilitaciones aparecieron también pinturas murales del siglo XVI y relieves renacentistas.
En 2023 se recuperaron el sepulcro y el monumento funerario de Hans Khevenhüller, embajador imperial en Madrid entre 1572 y 1606.
El claustro, trazado por fray Lorenzo de San Nicolás según los cánones de la arquitectura escurialense, fue desmontado y reconstruido pieza a pieza para su integración en la ampliación del Museo del Prado. Hoy conserva su patio interior con arcos y columnas originales y presenta un volumen cúbico revestido en ladrillo rojo. En su interior destaca un gran lucernario y las puertas de bronce de Cristina Iglesias que lo conectan con la calle Ruiz de Alarcón.
San Jerónimo el Real es, así, un lugar donde historia, arte y memoria de la monarquía española se unen en pleno corazón cultural de Madrid.
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