Exposición "Nueva-Vieja Pintura"

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La Sala de Arte Joven presenta la exposición “Nueva-Vieja Pintura”, uno de los proyectos ganadores de la XVII edición de la selección Se busca comisario, que apuesta por nuevos modelos curatoriales, facilitando el acceso al mundo profesional de jóvenes comisarios.

La exposición propone una genealogía de la pintura actual, algo así como una genealogía experimental de lo pictórico, articulada a través de cuatro viejos conceptos vinculados a la construcción de la historia del arte moderno y contemporáneo. Formalismo, historicismo, figuración y conceptualismo conforman los cuatro ejes museográficos de esta exposición que, a través de un ejercicio historiográfico parcial, no plantea una lectura general sobre el estado actual de la pintura sino un acercamiento necesariamente incompleto a la pregunta por una nueva posible vuelta a lo pictórico –sí, otra vuelta más. Se trata de un ejercicio tentativo, a tiempo real, que parte de un contexto inmediato y de la práctica de siete artistas que forman parte de este; artistas que no necesariamente comparten un marco generacional o epistemológico, ni se definen como pintores.

A partir del binomio nuevo-viejo se habilita un espacio temporal extensible, un futuro del pasado y un pasado del presente; una metodología dislocada que responde ante esa retórica causal todavía presente en muchos discursos institucionales. Si el tiempo ya no es tiempo y la historia ya no es historia, una historiografía de este no-tiempo debería acoger líneas narrativas yuxtapuestas, polisémicas o dialógicas, que permitan ampliar –o quizás simplemente ensayar– nuestras perspectivas del presente. Así, el trabajo de Irene Anguita, Álvaro del Fresno, Andrés Izquierdo, Esther Gatón, Iris Sanmartín, Raúl Silva y María Tinaut da cuenta de cómo viejos lenguajes aún resuenan en nuestros imaginarios pictóricos y de cómo, sin embargo, estos códigos no podrían seguir entendiéndose como se entendieron entonces.

Se podría empezar por pensar que si la pintura –más o menos pintada– está volviendo, quizás lo esté haciendo, en parte, como forma de supervivencia ante la precariedad de las infraestructuras que sostienen la imaginación y el trabajo. Esta genealogía no pretende sistematizar las obras expuestas, sino atender a cómo sus particularidades ensanchan nuestros marcos de pensamiento. Cada sección museográfica posibilita aquí la aparición de otras muchas secciones. Ante una necesidad colectiva de trazar vínculos y de contar historias, proponemos apropiarnos de lo genealógico para expandirlo, para desplegar un nuevo vocabulario artístico que integre lo posible, lo afectivo y lo anacrónico. “Nueva-Vieja Pintura” podría considerarse una suerte de iconografía pictórica en proceso: una práctica de interpretación que introduce cierto grado de indeterminación en el acercamiento a lo representado.